Europa está cerrando definitivamente la etapa del cobre. La futura Digital Networks Act (DNA), la Ley de Redes Digitales europea que sustituirá al actual marco regulatorio de las comunicaciones electrónicas, impulsa un modelo basado en redes de muy alta capacidad (fibra, 5G y, progresivamente, 6G). El apagado del cobre mejorará la conectividad y redefinirá cómo las empresas diseñan su infraestructura digital.

España parte con ventaja: el cobre está prácticamente retirado y la fibra ya es el estándar de acceso fijo. Además, el despliegue de 5G avanza de forma sólida, sentando las bases para el 6G. Para la empresa española, el reto no es migrar, sino aprovechar esta base para construir redes más resilientes, seguras e inteligentes.

La red se convierte en un activo estratégico, y es aquí donde Saima Systems acompaña a las organizaciones: las ayuda en la evolución hacia arquitecturas definidas por software (SD-WAN), capaces de integrar conectividad, seguridad y control en una única capa de gestión con soluciones como SAIWALL Secure SD-WAN.

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¿Cómo será la nueva conectividad digital europea?

Durante décadas, el cobre ha sido la columna vertebral de las comunicaciones en Europa. Sobre él se han construido servicios clave: telefonía fija, ADSL, líneas dedicadas y múltiples aplicaciones empresariales. También se han apoyado durante años servicios empresariales como líneas dedicadas antiguas, conexiones de backup, sistemas de alarmas, TPV, ascensores y otros equipos M2M.

Con la propuesta de la Digital Networks Act (DNA), presentada en 2026 y en proceso de tramitación, la Unión Europea marca un cambio estructural que avanza hacia un modelo basado en redes de muy alta capacidad y fija el horizonte para el pleno apagado del cobre en torno a 2035.

Recordar que el apagado del cobre no nace de cero. En los últimos años, la aplicación del Código Europeo de Comunicaciones Electrónicas, aún vigente, ha ido allanando el terreno. Los primeros programas nacionales de apagado de cobre en Europa arrancan en torno a 2010-2015, liderados por países como Suecia, Estonia o España, que ya contaban con una fuerte penetración de fibra.

Suecia fue el primer país en iniciar el proceso en 2010 y hoy ha apagado la práctica totalidad de sus líneas de cobre. España y Eslovenia empiezan los cierres de centrales de cobre en 2015-2016, seguidos por Noruega y Portugal en 2019, Hungría en 2020, Eslovaquia en 2021, Malta en 2022, Bélgica y Francia en 2023 e Italia en 2024.

 

Calendario para la retirada total del cobre en Europa

La Digital Networks Act plantea un horizonte progresivo hasta 2035:

 

  • 2026–2028. Etapa centrada en la planificación y en las primeras migraciones intensivas allí donde la fibra o el 5G fijo ya están ampliamente disponibles.

 

  • 2028–2032. Fase de aceleración, con cierre progresivo de centrales, reordenación de redes y sustitución masiva de accesos xDSL en entornos urbanos y periurbanos.

 

  • 2032–2035. Tramo final, en el que quedan principalmente casos residuales: zonas rurales complejas y servicios especialmente críticos que requieren una transición más delicada.

 

¿Por qué una conectividad sin cobre?

La retirada del cobre responde a tres factores estructurales:

 

Razón económica
Mantener en paralelo una red de cobre y una red de fibra supone un coste muy elevado en operación, mantenimiento y energía para los operadores. Cada central de cobre que sigue activa implica recursos que no se pueden destinar a desplegar fibra, 5G o soluciones inalámbricas de nueva generación.

Razón tecnológica
Ni las variantes más avanzadas del cobre pueden competir con la fibra o el 5G/6G en términos de capacidad, latencia y fiabilidad.

Razón ambiental
Las redes de fibra son más eficientes energéticamente que las de cobre. En un contexto en el que la UE quiere alinear su política digital con sus objetivos climáticos, mantener una red de cobre envejecida resulta difícil de justificar.

 

España, sin cobre: nueva oportunidad para las empresas

El mapa del cobre en la Europa de 2026 es muy desigual. Países como Noruega y España ya han completado prácticamente el apagado del cobre. En el extremo opuesto, mercados como Alemania o Grecia siguen dependiendo en gran medida del cobre para el acceso fijo, con un porcentaje mucho mayor de líneas xDSL frente a la fibra.

Este escenario sitúa a las empresas españolas en una posición diferencial, puesto que ya operan sobre una infraestructura preparada para el futuro. Sin embargo, esta ventaja también introduce un reto: pasar de una red moderna por infraestructura a una red estratégica por diseño.

Las empresas pueden replantear su arquitectura de conectividad:

  • identificar qué sedes requieren redundancia real (fibra + 5G, por ejemplo)
  • definir niveles de servicio según la criticidad de las aplicaciones
  • segmentar el tráfico entre oficinas, usuarios remotos y entornos cloud
  • mejorar la visibilidad y el control sobre la red.

 

La combinación de distintos accesos de nueva generación, correctamente orquestados, permite construir redes más resilientes y con mejor experiencia de usuario que las antiguas arquitecturas basadas en cobre. Tecnologías como SD-WAN permiten aprovechar enlaces heterogéneos (fibra, móvil, radio, satélite) como si fueran una única red lógica gestionada, aplicando políticas de calidad de servicio, seguridad y priorización de aplicaciones.

En lugar de replicar un esquema antiguo sobre una conexión de fibra, las empresas pueden utilizar esta transición para que la conectividad pase de ser un medio físico para convertirse en una plataforma estratégica del negocio. Sin duda, una apuesta ganadora por la competitividad sostenida en la digitalización avanzada y extendida.

 

Conectividad estratégica con Saima Systems

En este escenario donde la gestión de la conectividad gana en peso estratégico, contar con un socio especializado en conectividad segura y de última generación es clave.

Saima Systems acompaña a las organizaciones en esta evolución mediante su tecnología SAIWALL Secure SD-WAN, que permite:

  • integrar múltiples accesos (fibra, 5G, radio, satélite)
  • gestionar la red de forma centralizada
  • asegurar continuidad de servicio mediante balanceo y failover automático
  • incorporar seguridad avanzada desde la propia red.

 

De este modo, la transición hacia la nueva conectividad digital no se limita a un cambio tecnológico, sino que se traduce en una red más resiliente, más segura y alineada con las necesidades del negocio.